Abrir los ojos fue un poco costoso, como si fuera el amanecer de un nuevo día. Era extraña la sensación de estar cegado a través de los párpados cerrados, pero aquel fogonazo de luz que en una milésima de segundo amenazó por quemarle las retinas no fue algo fácil de soportar y mucho menos, algo común. Jack sintió una extraña sensación de vértigo concentrándosele en el estómago en forma de una nausea creciente a la vez que se le erizaban todos los vellos del cuerpo, sin excepción alguna. Un escalofrío electrizante recorrió su columna vertebral hasta calambrearle finalmente la nuca... y entonces, ocurrió. De pronto, oía pájaros cantando alegremente, así como sentía la calidez de un sol un poco agresivo en su piel como si fuese verano. La sensación en sus pies a través de las sandalias había cambiado, pues ya no pisaba un terreno uniforme y sólido. Sinceramente, tuvo miedo de abrir los ojos -Eh ¿Estás bien?- oyó a Nora hablarle, por lo que se atrevió a abrir uno de los ojos y mirarla. La chica estaba resplandeciente. Si la tuviera que describir dejando a un lado su orgullo y su sensación de pavor, diría que le parecía la mujer más hermosa que había visto en su vida. Jamás había visto una sonrisa semejante, una ilusión tan despampanante en una mirada. Estaba excitada de alegría a niveles insospechados y no necesitaba conocerla más para atisbarlo.
-¿D-dónde estamos? ¿Cómo hemos salido de...?- se atrevió a abrir los ojos con su totalidad y entonces, lo vio. Pese a estar en una suerte de apartado callejón, no se escapaba a su mirada la gente que caminaba de un lado a otro en la salida de la calle. Oía voces que hablaban, que gritaban, que vendían y reían. Toda persona vestía como él o como Nora y allí donde le alcanzaba la vista, veía el nacimiento de los grandes pilares de la Acrópolis, sostenida sobre una suerte de risco amurallado que la elevaba por encima del resto de la gran ciudad. Ambos caminaron distraidamente hasta salir de aquel callejón para abrirse a la más pura realidad: estaban realmente en Atenas, en la Antigua Grecia
-Te lo dijimos. Has viajado en el tiempo- le masculló la chica, sin apenas moverse como un fantasma. Se percibía la enorme alegría en su voz.
-Estás de coña- dijo Jack conteniendo la risa.
-No hables así. Sé educado- le corrigió la chica -Ya sabes, procura mantener la calma. Veamos dónde podemos sacar algo de información...- Nora echó a andar para darse cuenta no muchos pasos después de que Jack no la estaba siguiendo. Estaba allí, helado, siendo un poco el centro de atención de más de un transeunte. Alarmada, Nora volvió rapidamente a su lado -¿Jack? ¿Qué haces?-
-La cámara oculta. Sácala ya- decía, ensimismado mirando la alta Acrópolis.
-No hay tiempo, espabila. Vamos- tuvo que tomarle la mano para tirar de él, pero parecía una estatua inamovible.
-Venga, vamos. No es posible. Decidme la verdad. Ah, ya sé. Me habéis drogado- miró a Nora -Tenéis una sexy enfermera para embaucar a la gente y luego le drogáis. No eran nanotraductores lo que me inyectasteis sino algún tipo de droga alucinógena con la que manipuláis mi mente a través de sugestión con esa máquina gigante y la verborrea del viaje en el tiempo y los iluminatis y... y...- se trastabillaba hablando -¡No!- cayó en cuenta -¡Vosotros sois los ilumina-!- una suave bofetada apenas impactó en la cara de Jack, pero era necesaria. No era tanto la fuerza como el impacto repentino de una fuerza física lo que sacó a Jack de su ensoñación, reiniciándole el cerebro como si se tratara de una especie de ordenador básico y disfuncional.
-Cierra-la-boca- le explicó Nora, apremiándole a bajar la voz -Ni se te ocurra gritar ¿Me oyes? Y no menciones la palabra que empieza por I. Son Asura ¿Recuerdas?-
-Ah, sí, sí...- Jack volvió a elevar la vista lentamente hasta la Acrópolis y su mirada volvió a perderse -Dios... Drogas, definitivamente drogas. Me vais a sacar los órganos y...-
-Por el amor de Dios...- gruñó Nora, sabiendo que no debía formar una escena arrastrándole bruscamente de allí -¿Quieres recomponerte de una vez? ¿Por favor? Te lo suplico, no la fastidies- aquel cambio de tono pareció hacer más efecto en Jack, apelando a su responsabilidad más que intentar sacarle del trance por las malas. El hombre la miró y pestañeó varias veces.
-¿De verdad estamos en la Antigua Grecia...?-
-Sí- sonrió Nora. Es que no podía evitarlo.
-Esto es... increible-
-¿A que sí? Ahora, por favor. Sé profesional. Camina conmigo de forma distraida, normal, sin ninguna actitud sospechosa ¿Vale?- pidió la chica, a lo que Jack asintió. De ese modo, por fin, ambos iniciaron la marcha. Nora no pudo evitar comprobar por el rabillo del ojo que Jack caminaba como si estuviese pisando hielo fino, como si un paso en falso fuese a desquebrajarlo todo y la tierra fuera a hundirse por debajo de sus pies. A su modo, era un poco adorable que un hombre tan grande y arrogante ahora pareciese un gatito asustado bordeando una bañera llena de agua.
La pareja deambuló durante unos minutos para aclimatarse al ambiente y la situación, en especial Jack, que empezaba a hacerse a la idea de que de verdad había viajado en el tiempo no pocos años, precisamente -Estamos en un periodo tenso- comentó Nora, recreándose en todo cuanto veía, encantada -No te extrañes si oyes hablar de guerras. Recuerda que la Esparta ahora son enemigos de los Atenienses-
-Ya, ya...- suspiró profundamente Jack.
-¿Mejor?- quiso saber la chica.
-Sí, algo- al afirmar, se quedó mirando a una chica que cargaba incómodamente un ánfora bastante pesada -Creo que necesita ayuda- fue a caminar hacia ella pero Nora le detuvo.
-¿A dónde crees que vas?-
-A ayudarla, lo he dicho. Va que no puede-
-¿Qué parte de no intervenir con nada no has entendido?- inquirió.
-Pero si es una chica con un ánfora-
-Jack, esa mujer puede ser decisiva en la historia y no lo sabemos. Imagínate que su destino en la historia es que ese ánfora se le rompa y debido a ello conozca a alguien, que le llevará a cumplir ciertos pasos en la historia que nos lleve a nuestro presente. Si ahora la ayudas, evitarás ese suceso y podrías terminar incluso no existiendo ¿Entiendes?-
-Entonces estamos en una misión suicida- observó el hombre.
-Prácticamente. Cada cosa que hacemos debe pasar desapercibido a nivel histórico. No debemos intervenir ni interferir de ninguna manera significativa. No ayudar ni incordiar-
-¿Entonces debemos estar a parte si observamos, por ejemplo, un asesinato? ¿Uno que podemos evitar? ¿O una violación? ¿O rapto de niños o lo que sea?- Jack había disipado por completo su inmadurez. Hablaba como el adulto lúcido que era, preguntando a Nora con suma seriedad. La chica bajó el rostro y suspiró pesadamente, aceptando la fria realidad.
-No somos policías del tiempo, Jack. No hemos venido a ser héroes para los que, para nosotros, hace siglos que no están. La historia es arcilla moldeada por las manos del tiempo y las gentes que lo han habitado. Si ahora cruzamos esa esquina y nos encontramos de frente con la mayor injusticia de la historia, no podemos hacer nada. Si fueramos a la Alemania del 1939 y nos encontramos a Adolf Hitler en pleno comienzo de la Segunda Guerra Mundial tomando un aperitivo distraido, no podemos apresarlo ni asesinarlo aunque eso salve miles y miles y miles de vidas ¿Entiendes?- Jack comprendía que Nora no estaba precisamente feliz con esa situación que pintaba. Se percibía un deje de dolor en su voz, puesto que era duro ser sabedor de la impotencia y la imposibilidad de hacer algo bueno, algo justo -Somos solo fantasmas en este lugar. Así que hagamos las cosas rápido, en sigilo y de forma certera-
-Comprendido. No volveré a preguntar-
-Gracias- era un agradecimiento sincero -Y... bueno ¿Qué te parece todo esto, entonces?-
-Aún increible- Nora soltó una risilla.
-Yo tampoco me acostumbro...- respiró hondo, captando los aromas de aceites perfumados, fruta y barro, así como el de las pinturas orgánicas de las estructuras y la madera quemada de los braseros que ardían en puntos estratégicos de las estructuras -Pero basta de perder el tiempo. Dime, qué sugieres-
-¿Cómo que qué sugiero?-
-Estás aquí por algo. Sugiere, aporta. Eres un ladrón y el más experimentado del mundo, según se mire. Así que adaptate a la situación: quieres robarle algo en las narices a los Asura. Con tu experiencia y pericia ¿Cómo lo harías?- Jack se quedó pensativo largo rato, en silencio. Los atenienses pasaban junto a ellos de forma distraida, haciendo sus vidas. De vez en cuando alguien se quedaba mirando a Jack, pues su figura y su porte, así como su rostro, era muy llamativo para la epoca. Nora debía admitir que tenía una belleza griega que no contrastaba mal en absoluto. Sería una perfecta estatua así como estaba, pensando con la mano en el mentón. Si se hubiese afeitado en condiciones, tendría a medio pueblo ateniense babeando por él.
-Por más que piense, si no sé qué voy a robar, poco puedo hacer. Debemos encontrar algún tipo de información. Hemos venido a ciegas-
-Tienes razón, supongo. Por muy experto que seas no puedo pedirte que seas adivino-
-Y no es que no me gustaría serlo- bromeó.
-Quizá podamos encontrar algún simposio, alguna reunión con bebida y fiesta. La guerra no es óvice para ello. Estamos en Atenas, a fin de cuentas-
-Borrachos ¿eh? Esos hablan mucho- sonrió Jack
-Pues decidido. Vamos a dar un paseo- dicho y hecho, la pareja emprendió el camino. Durante el trayecto pudieron observar de todo, desde viviendas hasta puestos de venta. Había reuniones de gentes por doquier, así como exuberantes muchachas que paseaban de aquí para allá de forma llamativa y que no escapaban a los ojos del ladrón. Nora le explicaba que eran prostitutas, seguramente. Le explicó por encima la diferencia entre una hetera, que era más una dama de compañía que una prostitua, con las pornai, que sí eran prostitutas al uso y se dedicaban únicamente al mercado del sexo.
-El trabajo más antiguo, según dicen-
-Uno de ellos, sí- se encogió de hombros la chica -Mmm...- meditó -Se me ocurre algo- alzó la vista hasta la Acrópolis -Subamos allí- Jack la miró un instante tras mirar la Acrópolis.
-¿Estás buscando ideas o es por dar un paseo más largo y explorar Atenas?- Nora le miró y le sacó la puntita de la lengua, mordiéndosela a sí misma.
-Culpable. Pero no deja de ser cierto que allí debe de haber decenas de personas, es el punto álgido-
-Pues... vamos, entonces-
Tardaron varios minutos en llegar, pues el trayecto no era corto. Sin embargo, como un abendición de los dioses del Olimpo, allí se encontraron con una celebración. Una más de tantas. Adoraban una estatua de Atenea mientras bebían, cantaban y bailaban. Había un cordero muerto sobre un altar y del que estaban cortando pedazos para asarlo al fuego y poder degustarlo. El lugar estaba abarrotado, lleno de voces y música de arpas y flautas -La diosa de la guerra brinda su protección ante el pueblo ateniense. No es de extrañar- comentó Jack, cruzándose de brazos.
-¿Te gusta la mitología?- cuestionó Nora.
-Tanto como a ti la historia. Sin embargo no soy el más versado en ella, precisamente. Más bien soy un aficionado, pero me apasiona. Quisiera aprender tanto como pueda-
-Vaya, no esperaba que tuvieras esas inquietudes-
-¿Es que un ladrón no puede tener gusto por lo sofisticado?- bromeó Jack, siguiendo a la chica hacia el gentío.
-Yo no he dicho tal cosa- se lavó las manos la chica -Ahora a ver, qué podemos hacer aquí...- al pasar junto a un pilar, un fornido hombre pasó junto a ella sin mayores problemas, ya que los problemas como tal los arrastraba Jack. Al cruzarse con el ladrón, el hombre distraidamente golpeó a Jack con el brazo, ya que iba un tanto apresurado. En teoría, el ladrón debería de haber asimilado que no debía hacer o decir nada, pero las costumbres eran más poderosas que nuevos conceptos por asimilar.
-Eh, mira por dónde vas- oir aquellas palabras pintaron en Nora el rostro pálido de la muerte, que se giró lentamente como si estuviese a punto de presenciar como una vajilla de porcelana china de una antigua dinastía se rompía en pedazos hasta lo irreconocible -Será idiota, el tío- el griego, por su parte, se estaba girando para clavar su mirada en Jack. Solo presenciar aquella mole de músculos hacía saber a Nora que no era un ateniense cualquiera, sino que a lo sumo era un soldado o más bien un mercenario, a juzgar por su indumentaria sin colores o estandarte alguno. Era alto, tenía el cabello largo y un tanto descuidado así como una barba igual de descuidada y mal recortada. Con la misma celeridad con la que pasó junto a Jack, regresó a él. Lo tomó por el himatión como quien agarra una taza y se lo acercó violentamente al rostro. Nora se sentía caer en un abismo, acababan de romper el tiempo, estaba segura. Si volvían al presente, si es que podían, quizá ahora su padre era su madre, o algo verdaderamente malo, como que fuese un niño y ella, por tanto, se desvaneciera nada mas salir de la Puerta. -¿Qué haces?-
-¿Has visto a un par de individuos ataviados con mantos y máscaras?- pese a su aspecto, preguntó con amabilidad.
-¿Pero qué coñ...?-
-No, no hemos visto nada- se adelantó Nora para calmar la situación -Lo lamentamos mucho. Ojalá pudieramos ayudarte-
-¿Seguro?- preguntó el griego, visiblemente ofuscado pero no proyectando su rabia en ellos -Eran altos, extraños. No hablaban bien el idioma- aquello llamó la atención de Nora -Sus acentos eran extranjeros. No tienen pérdida-
-Suéltame- ordenó Jack de mala gana.
-Disculpa- dijo el griego soltándole -Se han llevado mis dracmas-
-¿Te preguntaron algo?- inquirió Nora, haciendo que Jack la mirase. Se suponía que no debían hablar, ¿Pero quién era él para juzgar?
-¿Por qué?- quiso saber el griego.
-Quizá podriamos haber oído que hablaba alguien de algo relacionado- inventó la chica.
-Me preguntaron por los dioses. Por Poseidón y su tridente. Como si fuera posible que alguien como yo supiera algo del señor de los mares- gruñó
-¿Y sabes algo?- insistió Nora.
-¿Qué voy a saber, mujer? Lo que todos sabemos- bufó -Habladurías y leyendas sobre que la última vez que le vieron fue en Lesbos y... ¡Por Zeus!- dicho aquello, echó a correr.
-Que tipo tan raro- se mofó Jack.
-¡Corre, maldita sea!- apremió Nora a Jack, instándole a seguir al griego.
-¿Pero qué pasa?- iban aprisa, pero tampoco corriendo demasiado, pues no debían llamar demasiado la atención y arriesgarse a que algún soldado les llamara la atención. Más le valía no perder de vista al griego, eso sí.
-¿Cómo que qué pasa? Las posibilidades de que los tipos que buscan sean de los Asura son enormemente elevadas. Debemos indagar. Hemos tenido un golpe de suerte-
-Atenea nos ha bendecido- bromeó Jack mientras seguía junto a la chica al desesperado griego, que parecía dirigirse hacia los muelles de Atenas.
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